La noche que ardió La Chontalpa chica

Bazucazos y ráfagas de AR-15 irrumpieron el silencio de la madrugada del 16 de julio del 2006, en Cunduacán.

Nadie le creyó al comandante Mateo o Z-40 cuando le dijo a los policías que lo dejaran en libertad, porque en su caso vendrían sus hombres a rescatarlo y se iba a armar la balacera.
Fue como a las 9:30 de la noche, cuando un comando de hombres armados arribó a la llamada “Casa de la Justicia”, en el municipio de Cunduacán para llevar a cabo el rescate sin tener éxito.
Fueron minutos de terror para los habitantes, porque empezaron a escuchar balazos por todos lados, incluyendo granadas y bazucazos. Dicen que fue un comando de hombres fuertemente armados, quienes intentaron el rescatar en dos ocasiones.
Fue la noche del 15 de julio cuando Mateo Díaz, fue detenido por los policías municipales sin saber quién era en realidad el sujeto que llevaban esposado.
De esa fecha a hoy han pasado casi diez años, sin embargo, los lugareños continúan recordando los hechos, y de solo pensarlo dicen que se llenan de miedo.
Todos recuerdan en Cunduacán, que la captura del “Comandante Mateo”, se dio a tempranas horas de la noche de ese sábado 15 de julio, cuando escandalizaba en la cantina denominada “La Palotada”, en compañía de su lugarteniente, el nicaragüense, Darwin Alexander Bermúdez Zamora.
Narran que el comando rápidamente se apoderó del edificio, donde todo mundo corrió a esconderse hasta debajo de las mesas.
Dispararon a todo lo que veían que se movía, sorprendiendo al comandante de la PJE, Marcelino de los Santos (a) El comandante Choco Milk, quien cayó abatido ante las balas de los sicarios.
En el pasillo que va al área de celdas cae también el agente Isidro “N”, quien gracias a que se hizo el muerto, logró salvar la vida.
Viendo frustrada su acción de rescate, los hombres del comandante Mateo deciden retirarse del edificio de la Casa de la Justicia, donde estuvieron a punto de entrar hasta el área de detenidos, pero fue gracias a que un viejo candado se “trabó”, tras recibir los plomazos, que no lograron su objetivo.
“Eso nos hubiera costado la vida a muchos”, dijo en ese entonces un agente. Las amenazas de que regresarían a romperles la “m” a los policías no cesaban en el teléfono de la Dirección de Seguridad Pública, en voz de hombres de acento norteño, quienes efectivamente, al filo de la media noche de ese 15 de julio del 2006, cumplieron su amenaza, pero para eso ya se había organizado un comité de bienvenida, conformado por al menos una veintena de uniformados y una decena de Policías Judiciales.
Los bazucazos y ráfagas de AR-15 irrumpieron en el silencio de esa noche, al grado que la avenida Ramón Mendoza de Cunduacán, se convirtió en un campo de guerra, donde desafortunadamente el Policía Estatal de Caminos, Armando de la Cruz Jiménez, fue sorprendido por los sicarios en el interior de su patrulla, donde murió calcinado.
La refriega cimbró a ese pueblo de La Chontalpa, ya que se postergó por al menos media hora. Muchos policías midieron su valor, pues afrontaron valientemente el ataque, mientras que otros, optaron por huir saltando bardas o metiéndose debajo de las mesas.
Al final de la balacera que despertó la violencia en Tabasco, se estima que al menos tres sicarios quedaron abatidos en la calle, de los cuales sus cuerpos fueron recuperados por sus compañeros.


Categorías:Nota Roja

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